San José



SAN JOSÉ  PATRONO Y PROTECTOR
DE LA CONGREGACIÓN


Devoción a San José

Las Siervas del Santísimo y de la Caridad, buscan imitar sus virtudes de sencillez, humildad, laboriosidad, fe y sumisión a la Divina Providencia. Él es su Patrono y modelo de vida interior, de obediencia y abandono confiado en las manos de Dios. En la vida orante de San José, aprenden el silencio como medio para vivir en unión con Dios, escuchando su voz. 

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19 de marzo

SAN JOSÉ, UN CREYENTE 
MADURO EN LA FE

José, mucho antes del nacimiento de Jesús, es un hombre maduro en la fe. Lo acaecido, con ocasión de la concepción y del nacimiento de Jesús, nos revela los distintos comportamientos , las fatigas, las superaciones por las cuales puede pasar una persona que, aunque madura en la fe,  se expresa en el ámbito de una disminución  progresiva de la ignorancia de Dios.

Son dos palabras claves de la narración evangélica, que nos hacen comprender la actitud de José: "José, su marido, siendo justo y no queriendo denunciarla, resolvió dejarla ocultamente".

Los exegetas discuten sobre el significado preciso de las dos anotaciones. El texto tiene una expresión que resulta más fuerte que la de la traducción: " José, su esposo, que era justo y no quería exponerla a la infamia pública..."

Sin embargo, ni siquiera el mismo texto original es muy claro.

La misma dificultad de lectura nos hace comprender que las personas justas,  (en el lenguaje neotestamentario maduras en la fe, que han recorrido un cierto camino de caridad) se pueden encontrar en situaciones angustiosas.

Entre las diversas hipótesis, me parece útil considerar lo que dice la Biblia de Jerusalén en una nota: " La justicia de José consiste en el hecho de que él quiere cubrir con su nombre un niño, cuyo padre él desconoce" Nos encontramos ante una justicia legal. José no puede dar  su nombre al niño.

Sigue la nota: la justicia consiste "también en el hecho de que, convencido de la virtud de María, no quiere entregar al proceso riguroso de la ley este misterio que él no comprende" Aquí la justicia de José empieza a convertirse en justicia en el sentido descrito por Pablo en Gálatas 5, 22: es "agathosúne", bondad comprensiva.

Naturalmente sufre muchísimo, porque es un conflicto de conciencia. En efecto, dice la nota de la Biblia de Jerusalén: había un "procesos riguroso de la ley" al que José, en virtud de su sola justicia, no sólo hubiera podido, sino que tal vez hubiera debido atender. En este momento la madurez de su caridad se demuestra en el hecho de que logra ir más allá: prevalece en él la atención a la persona más que al rigor puro de la ley.

Podemos pensar en el modo cómo Jesús frecuentemente reprocha a los fariseos su modo de entender la ley, su dureza de corazón: Jesús no reprocha su apego material a la ley, sino un cierto grado de justicia que no les deja espacio a los frutos de la caridad, que no ha sido profundizada ni se ha hecho dúctil a la apertura de la caridad.

Con fatiga y gran sufrimiento, José, pues, aunque maduro en la fe, llega a este equilibrio, y llega a él por medio de una serie de pensamientos. La santidad y la madurez de la fe no eximen de estas angustias, de este titubear del espíritu ante casos difíciles.

Pero habiendo obrado justamente en cuanto dependía de él, con la luz que le venía de la caridad, su madurez de fe se toma como disponibilidad al poder de la gracia iluminante divina. En efecto, el ángel del Señor viene y resuelve su situación: "No temas" (quiere decir que estaba lleno de temores). El ángel le da la razón profunda, de modo que venza toda su imaginación y lo llene de alegría y de claridad.

Una figura como la de San José nos permite captar cuál es el mínimo evidente, cuál es la más amplia comprensión de la situación que nace de la justicia evangélica del corazón, y cuál es también la esperanza que a veces sólo hay que esperar de Dios, la esperanza de una solución humanamente confusa. Es la esperanza de saber esperar como José, de saber sufrir con ánimo humilde las situaciones angstiosas y oscurs.










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