¿Quién llenará
nuestro vacío?
J.M.
Los cristianos no deben
sentirse nunca abandonados, porque el vacío dejado por la muerte de Jesús ha
sido llenado por la presencia viva del Espíritu que habita en nosotros y nos
enseña el arte de vivir de verdad. Lo que configura la vida de un verdadero
creyente no es el ansia de placer, ni la obediencia a una ley, sino la búsqueda
de la verdad con un corazón limpio, animado por el Espíritu o Paráclito.
Paráclito significa
defensor, protector, asistente, maestro, abogado, unificador, animador e iluminador
de la fe de cada uno. Él nos recuerda todo lo dicho por Jesús, es el testigo
garante de la auténtica fe, es el acusador del mundo corrupto que ha rechazado a
Jesús, el que desenmascara el sistema diabólico de su pecado.
Ser cristiano no es un
peso que oprime. Es dejarse guiar por el amor creador del Espíritu que vive en
nosotros y nos hace vivir con entusiasmo. Es alguien que, bajo el impulso
creador y gozoso del Espíritu, aprende el arte de vivir con Dios y para Dios.
El peligro está en no creer en el Espíritu, en no aceptar su presencia, pasando
a vivir con miedo y cerrando las puertas a Dios y a nuestros hermanos, haciendo
de la vida algo pesado y sin sentido.
Sin fe en el Espíritu
vivimos empobrecidos. Para vivir de una manera más humana y digna necesitamos
energía interior capaz de animar nuestra vida que procede del Espíritu.
Vivir la paz que Jesús nos
desea, implica ser constructores de una nueva humanidad. Si nunca ha perdido
sentido este mensaje y promesa de Jesús, hoy parece tener una vigencia
especial. El mundo, nuestra sociedad están llenos de violencia, y cada uno de
nosotros sigue anhelando ese don precioso que es la paz. J.M.
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